El "Green Pass" en la vida cotidiana de la Unión Europea Destacado

El pase de salud (Green Pass), adoptado en una veintena de países de la Unión Europea el 1ro de julio para permitir viajar a través de las fronteras nacionales, en poco más de un mes se convirtió en una herramienta indispensable para disfrutar de forma segura de una cena en un restaurante, un concierto o una visita a un museo.

Ya se emitieron 300 millones de certificados entre los 27 países del bloque, a pesar de un núcleo duro de ciudadanos que siguen saliendo a las calles contra una medida considerada discriminatoria y demasiado restrictiva para las libertades individuales.

Con la explosión de la variante Delta, que reportó crecientes contagios de Covid-19, los gobiernos europeos tomaron medidas acelerando las campañas de vacunación.

Luego, decidieron apostarlo todo por el pase de salud (que certifica vacunación completa, recuperación del virus o negatividad a una prueba), extendiendo su uso a la mayoría de las actividades diarias.

De ese modo, en poco tiempo se convirtió en un requisito imprescindible para entrar a los cines y tomar un tren o un avión en Francia; visitar un museo en Austria; cenar bajo techo en Italia (pero a partir del 1ro de septiembre se utilizará para mucho más) o alojarse en cualquier hotel de Portugal o Irlanda.

Y en los Países Bajos es necesario para grandes eventos.

En Grecia, los restaurantes poseen tres categorías: aquellos que admiten solo personas con certificado de vacunación, los que también aceptan un test negativo de Covid-19 y los que garantizan que todos sus empleados hayan sido vacunados.

En Rumania, el pase amplía las posibilidades para acceder a gimnasios y a sitios culturales y en Croacia condiciona la cantidad de invitados a las bodas.

En Dinamarca, es imposible asistir a un partido de fútbol con más de 2.000 espectadores sin el pase, mientras que Malta lo pide para ingresar al país, como alternativa de la cuarentena. Dinamarca fue uno de los primeros países en adoptar este certificado, incluso para ir a la peluquería. En los países bálticos quien no posee el pase cena en espacios abiertos, con rígidas normas de distanciamiento y límites a la cantidad de comensales por mesa. Son muy pocos los países que no adoptaron el pase de manera extendida, si se excluyen aquellos con una tasa de vacunación todavía muy baja, como Bulgaria.

Entre los países más grandes, todavía no lo adoptaron Alemania y España, que dejaron a discreción de cada región su uso.

Justamente en Alemania, como en Francia, está creciendo el descontento hacia el "Pase Verde" en una franja de la población.

Hubo numerosas protestas callejeras por una medida considerada una obligación a la vacunación enmascarada, que aumentará la disparidad social.

Y el debate está destinado a aumentar cuando el pase sea obligatorio para ir a trabajar, si se considera que algunos países ya decidieron imponer la vacunación a los operadores sanitarios, docentes o profesionales en contacto con las franjas vulnerables. Más allá de las protestas, el sistema del pase como instrumento cotidiano gana cada vez más adeptos.

Está activado incluso fuera de la Unión Europea, en Suiza, Noruega, Islandia y El Vaticano.

En tanto, en Israel, su uso acaba de ser extendido debido al continuo aumento de los contagios de coronavirus.

La Unión Europea apunta a convertirlo en un estándar internacional, encontrando la manera de poder comunicar entre sí las tecnologías adoptadas en otros países y continentes.

Fuente: ANSA 

Valora este artículo
(0 votos)
© 2017 Infotur Perú. Todos los Derechos Reservados por GLOBALTEX PUBLICIDAD SAC

Solución web por Pumahostweb