Con sus 118 habitaciones, el Sonesta Yucay ha logrado, con éxito, encontrar la fórmula para transmitir a sus huéspedes un ambiente de “hogar” que fluye de manera natural. En el que te sientes cómodo y con ganas de explorar desde el primer momento. Donde el huésped encuentra variedad en oferta gastronómica, naturaleza, muy buena atención y cada día se torna distinto.
El Sonesta Yucay, a solo cinco minutos de Urubamba, en el Valle Sagrado, Cusco, es un hotel que no deja indiferente a quien lo visita. Infotur Latam estuvo por sus instalaciones y aquí nuestros comentarios
Las Instalaciones
Nuestra visita empieza en un patio colonial rodeado de balcones que enmarcan un imponente árbol ubicado en el centro. Este espacio se convierte en el escenario perfecto de largas comidas, donde un cuantioso brunch o la hora del té se vuelve toda una experiencia y, como descubriríamos más adelante, es también testigo de tardes y noches llenas de armonía con luces blancas, música en vivo, productos de la zona y mucha paz.

Las habitaciones están distribuidas en distintos bloques generando mucha independencia. Además de ser muy modernas y acogedoras, dependiendo de su ubicación ofrecen vistas maravillosas de las instalaciones del hotel y del entorno. Las del segundo piso cuentan con balcones desde los que los cuales los amaneceres se vuelven imperdibles.
El hotel ofrece amplios jardines adornados con fuentes y coloridas flores, una pintoresca iglesia, distintos espacios para compartir como terrazas y salas, un restaurante, una pizzería y una cafetería. Todo decorado y ambientado con un estilo muy cálido y acogedor. Las opciones son múltiples y hasta tomar una infusión al iniciar la tarde se torna especial.

La gastronomía
El Sonesta Yucay tiene una variada opción gastronómica que se ajusta a todos los gustos. La Placita es el punto neurálgico del café. El aroma que se desprende de esta cafetería hace muy difícil dejar de probar el típico café cusqueño en cualquiera de sus versiones. La decoración, además, provoca dejar pasar las horas sobre los cómodos sillones.
Las pizzas y la comida italiana en general están a cargo de La Dispensa, donde se puede ver la pasta fresca y el gran horno en funcionamiento. Inkafe, el restaurante principal, acompaña al huésped a lo largo del día, con platos llenos de color e insumos locales, que además pueden pedirse durante todo el día. En general, una carta variada y muy bien lograda.

La oferta del Sonesta Yucay
El Sonesta Yucay se ha mantenido a la vanguardia este año tan difícil. Sabiendo que la afluencia turística iba a ser impredecible, optó por abrir sus puertas a quienes estuvieran en el Valle Sagrado para convertirse así en una excelente opción de encuentro.
En los últimos meses este hotel liderado por Elizabeth Carlotto, su Gerenta General, ha venido organizando una serie de eventos que lo convirtieron en el corazón de esta zona del Valle, en el cual músicos, productores, artesanos, entre otros encontraron un espacio donde interactuar con los visitantes, cumpliendo siempre con todos los protocolos de seguridad, Ferias de arte, patios gastronómicos y noches de música se han venido celebrando en el Sonesta Yucay, aprovechando así su gran infraestructura para brindar una alternativa segura y distinta. Cada semana se busca variar en la propuesta, tal como nos cuenta Elizabeth, no solo para ofrecer diversidad sino para dar espacio a distintos productores y artistas. Ella sabe que el turista nacional e internacional siempre tiene esa “necesidad” de venir a Cusco así que prepara lo mejor de la zona para generar una experiencia completa. Y también sabe, como buena cusqueña, que parte de la magia de Cusco reside en su gente y todo lo que tienen para ofrecer.

Elizabeth ha sido una pieza clave a lo largo de estos meses para mantener al equipo unido y motivado. Su carisma y profesionalismo se traslada a cada detalle del hotel y, siempre con una sonrisa, está atenta a todos los que lo visitan. Cuando pensamos en la fórmula para lograr este ambiente de “hogar” en un hotel de estas magnitudes, Elizabeth se vuelve, sin lugar a dudas, pieza clave de la ecuación.
Por: Andrea Chaman
INFOTUR LATAM
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